Siento que fue un regalo del cielo haber bailado en público unas alegrías sobre el poema Casida de las palomas oscuras, de Federico, en versión de Camarón de la Isla y la Royal Philharmonic Orchestra.
De la obra Diván del Tamarit, publicada póstumamente en 1940, muero de ganas de regalarles dos poemas:

CASIDA DE LAS PALOMAS OSCURAS
Por las ramas del laurel
vi dos palomas oscuras.
La una era el sol,
la otra la luna.
«Vecinitas», les dije,
«¿dónde está mi sepultura?»
«En mi cola», dijo el sol.
«En mi garganta», dijo la luna.
Y yo que estaba caminando
con la tierra por la cintura
vi dos águilas de nieve
y una muchacha desnuda.
La una era la otra
y la muchacha era ninguna.
«Aguilitas», les dije,
«¿dónde está mi sepultura?»
«En mi cola», dijo el sol.
«En mi garganta», dijo la luna.
Por las ramas del laurel
vi dos palomas desnudas.
La una era la otra
y las dos eran ninguna.
Lorca escribió su obra Diván del Tamarit entre 1931 y 1934, en homenaje a su prima Clotilde García Picossi. Clotilde fue una figura importante en la vida de Lorca, su prima favorita e inspiración del personaje de Doña Rosita la Soltera. Y su huerta, con su belleza y ambiente motivador, ejerció una profunda influencia en el poeta. La Huerta del Tamarit, con sus cinco hectáreas de tierra de regadío junto al río Genil, era un lugar lleno de encanto y tradición.
Él comentó en una carta que la huerta de su prima tenía las señas más bonitas del mundo: Huerta del Tamarit, término de Fargüi, Granada. “Prima”, le decía Federico a Clotilde, “tu huerta es una colección de tarjetas postales”.

Diván
«Diván» es un conjunto de poemas en árabe.
La obra se compone de dos bloques de poemas, las “Gacelas” y las “Casidas”. Ambos nombres aluden a dos tipos de estrofas de origen árabe, pero la estructura de los poemas no guarda relación alguna con estas.
En árabe llegó a significar «cancionero», es decir, un conjunto determinado de una clase de poesías.
Otro bello poema de Diván…
CASIDA DEL HERIDO POR EL AGUA
Quiero bajar al pozo,
quiero subir los muros de Granada,
para mirar el corazón pasado
por el punzón oscuro de las aguas.
El niño herido gemía
con una corona de escarcha.
Estanques, aljibes y fuentes
levantaban al aire sus espadas.
¡Ay, qué furia de amor, qué hiriente filo,
qué nocturno rumor, qué muerte blanca!
¡Qué desiertos de luz iban hundiendo
los arenales de la madrugada!
El niño estaba solo
con la ciudad dormida en la garganta.
Un surtidor que viene de los sueños
lo defiende del hambre de las algas.
El niño y su agonía, frente a frente,
eran dos verdes lluvias enlazadas.
El niño se tendía por la tierra
y su agonía se curvaba.
Quiero bajar al pozo,
quiero morir mi muerte a bocanadas,
quiero llenar mi corazón de musgo,
para ver al herido por el agua.
Deseo compartir con ustedes las Alegrías que les mencioné. En especial, si les gusta el flamenco, que revuelve las entrañas de puro hermoso.
Hasta luego, queridos amigos, encontrémonos en un próximo momento lorquiano.
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